Vídeo para la mujer de más de 40 que ya ha bajado de peso y lo ha vuelto a recuperar.
Míralo entero y con sonido. No hay nada que descargar y no vas a ver ninguna cuenta atrás.
Si al terminarlo te reconoces en lo que contamos, el siguiente paso está debajo del vídeo.
Si te has reconocido en tres o más, esta llamada es para ti.
Y empezamos por lo que no somos: no somos los que te van a prometer quince kilos en tres meses, ni los que te mandan una tabla de ejercicios y una dieta en PDF y desaparecen.
Yo perdí 30 kilos después de dos embarazos, y convivo con fibromialgia. Fabián perdió 20, y convivió con ansiedad y con TDAH. Él está formado en drenaje linfático, hipopresivos y trabajo sobre inflamación, y esa es la parte que casi nadie mira.
Pero nuestra mayor credencial es que estuvimos donde estás tú, y que salimos por el camino largo.
Y lo primero que queremos quitarte de encima es la culpa. No has recuperado el peso por falta de carácter. Lo que decide si pierdes grasa y no la recuperas no es la dieta que elijas: es si puedes sostenerla.
Cuando comes de forma muy restrictiva, tu cuerpo se defiende: tienes más hambre, te sacias menos y gastas menos energía. Eso no es falta de voluntad, es una respuesta biológica, y está diseñada para devolverte al punto de partida.
Entras pensando que cuanto más sufras, mejores resultados tendrás. Bajas peso, sí. Pero sales con más hambre, menos energía, menos margen para disfrutar de tu vida y con un sistema cada vez más difícil de mantener.
Restricción → más hambre, menos saciedad, menos gasto → recuperas.
Y a los cuarenta esa misma trampa suele salir más cara, porque tu cuerpo ya cambió las reglas —cómo retienes, cómo te hinchas, cómo respondes al entreno y a la comida— y casi todo lo que hay ahí fuera sigue escrito para el cuerpo de los veinticinco.
Va en tres fases, y el orden es lo que hace que funcione.
No empezamos quitándote comida: casi siempre vas a comer más de lo que comes ahora. Ordenamos cómo y cuándo comes, el descanso, y trabajamos de forma específica la hinchazón. Sales de esta fase deshinchada y con energía.
Ahí llega el cambio físico: entreno adaptado a tu cuerpo de hoy y a tus días reales, y una forma de comer que aguanta una comida familiar un domingo. Porque si no aguanta eso, no aguanta nada. Con revisión y ajuste cada semana, no cada quince días, que son quince días perdidos. Sales de esta fase con la ropa sentándote como te gusta.
Que aprendas a comer fuera, a irte de viaje y a pasar un mes malo sin que se caiga todo. Nuestro mayor éxito no es que sigas con nosotros: es que un día nos digas «ya sé hacerlo sola». Sales de esta fase sin necesitarnos.
Casi todo el mundo empieza por la dos: se pone a dieta y a entrenar duro sin haber salido de la trampa. Por eso aguanta tres semanas y se cae.
Primero se sale de la trampa. Después se construye. Y al final se aprende a sostenerlo. En ese orden.
Y por eso lo mínimo con nosotros son seis meses. No es una cuestión de precio: es que en tres meses no da tiempo a un cambio de hábitos real, y lo que dura tres meses ya lo has probado. Aquí se trata de que no vuelvas.
Otra cosa que te va a pasar y que casi nadie te ofrece: somos dos. Una entrenadora y un entrenador. Tienes dos cabezas mirando tu caso y trabajas con quien tengas más feeling. La mayoría de la gente está más cómoda con alguien de su mismo género, y aquí no tienes que elegir.
Porque vamos a mirar tu caso concreto, el tuyo: qué has probado ya, cuánto te duró cada cosa y por qué se cayó. No un patrón genérico ni la charla que le damos a todo el mundo. Tu cuerpo de ahora y tu vida de ahora.
Porque llevamos pocas clientas a la vez, y eso es justo lo que hace que funcione. Si vemos que no es para ti, te lo decimos en la llamada, sin rodeos. Y si detrás hay algo médico, te lo decimos y te derivamos: somos entrenadores, no sustituimos a tu médico.
Porque vas a salir sabiendo por qué no te ha funcionado hasta ahora, con nombre y apellidos, intento por intento. Y eso te lo llevas trabajemos juntas o no.